miércoles, 23 de noviembre de 2016

“El Pómbero le persigue…”


ATADO. En estas condiciones,
y en lo alto, estaba el chico.


Pómbero a la vista. Un caso que pone la piel de gallina a pobladores de la tranquila compañía de San Felipe ocurrió el lunes por la mañana cuando encontraron a un joven de 16 años atado con su propia ropa por el tronco de un eucalipto, a unos seis metros de altura, pegadito al cementerio, y con el cuerpo totalmente marcado con cruces de cabeza. El escenario era idéntico al de una película de exorcismo.

“Todo el vecindario está asustado, ponemos pindó karai desde el portón de nuestras casas, y derramamos agua bendita por todos lados, tenemos mucho miedo por lo que pasó” empezó diciendo doña Evangelina A., tía del joven afectado.

Todo empezó cuando L. A., de 16 años, salió de su casa en su bici, el domingo por la tarde, para ir de visita a la casa de su novia, a unos 10 kilómetros de su casa. Nunca más se supo de él. El lunes, a primera hora, el papá del chico lo llama al celular, pero este le daba apagado. Entonces llama a la novia y allí ella le contesta que su chico’i no llego a “marcar”.

Ya con miedo, el padre insiste y vuelve a llamar al teléfono de su hijo. Esta vez, sí le contesta, pero en lugar de tranquilizar la situación, aumentó la tensión: “papá, ojehugavaipáite che rehe (se me jugó todo mal)” y le contó en dónde estaba.

RARÓFILO. Con marcas hechas en todo el cuerpo con algo puntiagudo, que eran como cruces al revés, encontraron al muchacho.

“Entre diez personas nos fuimos a buscarle. Nos dio un pirî al verle a mi sobrino en esas condiciones. Lo bajamos y él estaba todo duro, con la mirada hacia el vacío… Parecía poseído. Nosotros estamos seguros de que fue el karai pyhare el que le hizo eso, porque el Pómbero le persigue…” comentó la tía.



2 AÑOS

En el 2014 se había registrado un incidente similar, en que “algo” le había pegado todo mal.

“El pa’i Luis vino a verle, pero no pudo hacer nada porque él se puso muy violento. Entre diez personas se pusieron por él, pero tenía una fuerza impresionante. Nos mira solo con esa parte blanca el ojo. Upea oremokangypa (eso nos debilita todo), por eso el pa’i nos dijo que él no podía hacer nada y que le llevemos al hospital” expreso doña Evangelina.

“El padre nos recomendó que él ya no vuelva a la casa porque ahí le persigue el espíritu maligno. Cuando él está acá no podemos dormir a la noche, alguien se pasa tirando piedras y coco en nuestro techo. No podemos dormir” agregó.

Además, dijo que todo lo que pasa “es igualito a una película de terror. Eso lo que estamos viviendo. Ahora el vecindario ya no quiere que mi sobrino esté por acá, nosotros le respetamos mucho al Pómbero, le tenemos miedo” comentó.

“A su hermana le hizo correr”

“Ellos son dos hermanos y fueron criados por su abuela, porque su mamá les abandonó cuando eran chiquitos. A los dos les persigue el Pómbero, no les quiere. A su hermana ya le hizo correr, porque también le jugó todo mal hace dos años por ahí, por eso ella se fue a vivir otro lado” siguió contando la tía.

Tras este episodio que se dio, “ahora él se escapó y no sabemos en dónde está. Lastimosamente él se tiene que ir de acá para que el maligno ya no le persiga y para que nosotros podamos estar en paz” finalizo la pariente del menor atacado por el karai pyhare.

 Fuente: Crónica.

martes, 22 de noviembre de 2016

El Salvador: una mujer que practicaba brujería asesina a su hija de 6 años





En las calles del caserío La Zarcera, en El Escobal, de San Luis La Herradura, La Paz (El Salvador), los vecinos no hablaban el pasado 18 de noviembre de otra cosa que no fuera la tragedia ocurrida en el hogar de la familia Elías Mendoza, donde la madre mató a su hija, una niña de 6 años. Lo cuenta Lissette Ábrego en el portal El Salvador.
Escuchaba voces y hacía brujería

Geovanny y su esposa Julia y sus tres hijos (Rosa, Yuliza y Marco) habían llegado hacía pocos días con la idea de mejorar su situación familiar, pues en el caserío El Pacún (Santiago Nonualco) donde residían, ya no podían seguir. Él recordó que en las últimas semanas su mujer había cambiado, incluso afirmó que no podía salir a la calle porque escuchaba voces que le decían que la iban matar.
Por ello, decidieron regresar al lugar donde habían vivido años atrás; un solar con una sola habitación, propiedad de un amigo. En la casa anterior, según Geovanny, su esposa se apoderó de un cuarto al que sólo ella entraba y en el que “practicaba brujería” con San Simón. Para contrarrestarlo también se mudaron, pero todo empeoró. Él le dijo que ya no podía seguir con eso y desde entonces ella casi no hablaba, no comía, se pasaba el tiempo llorando y tomando pastillas.
En cuatro días bajó de peso drásticamente y no se ocupó de sus hijos. Geovanny optó por no ir a trabajar para cuidarlos y buscó apoyo en una iglesia evangélica del cantón. Allí, los hermanos oraron por ellos y el día 17 por la noche los visitaron. Los feligresesdecidieron quemar la imagen y todo lo que ella usaba para practicar la supuesta magia negra. Julia estaba tranquila, pero después se transformó.
Degolló a su hija

A medianoche, afirmó, se puso de pie junto a la hamaca en la que él estaba acostado y le dijo sonriendo que se durmiera; desde entonces no pudo conciliar el sueño y se despertaba a cada rato. El viernes, a las 4 de la madrugada, mientras se lavaba los dientes en el patio para luego ir a trabajar, escuchó el llanto de su hija menor, de tres años y medio.
“Pensé que quería pacha, pero al entrar al cuarto encontré el charco de sangre”, relató. La mujer había tomado el corvo, con el cual él iría a cortar caña, para degollar a su hija Rosa, de seis años, y herir en el rostro a Yuli, de tres y medio, y en la clavícula a Marco, de 10.
Como pudo el hombre, le quitó a los niños y pidió auxilio a los vecinos. Luego las autoridades intervinieron y le arrebataron el corvo a ella. “El demonio me ha castigado, me llevó mi angelito”, repetía Geovanny, en alusión a que si no hubiesen quemado la imagen y los demás objetos la tragedia probablemente no habría sucedido. Julia y sus dos hijos fueron llevados al hospital, mientras en la casa de familia Elías velaban los restos de Rosa.
Más detalles del suceso

Desde la vivienda donde se dieron los hechos con tristeza y voz temblorosa, José Geovanny Elías Valencia, padre de los niños atacados a machetazos, relató cómo su esposa, Julia Esmeralda Mendoza, de 36 años, asesinó a una de sus hijas e hirió a dos más cuando dormían en su casa. La mujer también fue trasladada al mismo hospital con heridas en la cabeza, ya que tras el ataque intentó suicidarse. Lo leemos en La Página.
“Todo comenzó anoche, después que en un culto con los hermanos evangélicos quemamos el santo San Simón, con el que practicaba la brujería, y también quemamos todos los objetos que utilizaba. Eso la puso molesta, pero después parecía que estaba bien, pero como a las 12 se levantó, le pregunté qué pasaba y dijo que siguiera descansando, pero ella estaba inquieta, quizá quería asesinarme”, relató Valencia.
Tras enterarse del asesinato, afirma, “intenté sacar a mis hijos pero era tarde, una de mis niñas ya estaba muerta, le tomé la manita y ya no respondía, y la otra tenía una cortada en la cara y el niño en el hombro”. Al finalizar mencionó que su esposa hace dos años comenzó con la hechicería, pero él debido a su trabajo no se daba cuenta de lo que hacía ella.

Fuente: http://infocatolica.com/blog/infories.php/1611221105-el-salvador-una-mujer-que-pra